sábado, 28 de octubre de 2017

La educación en su más amplio sentido, entendido como un fenómeno teológico, filosófico, sociológico, cultural y político, ha experimentado a través de su historia diferentes cambios y tendencias en su permanente búsqueda de soluciones al que hacer de la vida del hombre (Borges Y. 2004). La enseñanza se basa en el dominio de los temas que conforman la disciplina por parte del profesor, mientras que la metodología consiste en una exposición de los mismos, que puede ir acompañado de la realización de algunos ejercicios repetitivos de los contenidos. Lo que el alumno debe hacer es escuchar atentamente las disertaciones del profesor, realizar los ejercicios, analizar los contenidos y volcarlos posteriormente en una prueba, el examen, donde habrá que intentar ser lo más explícito en la respuesta de lo solicitado de acuerdo a los textos de referencia (García Pérez; 2000a). Ante este panorama, las instituciones de educación superior cumplen tres funciones sustantivas y estrechamente vinculadas: docencia, investigación y difusión del conocimiento; las tres relevantes para la sociedad. La docencia es sin duda, su misión fundamental y el prestigio que alcanza depende, esencialmente, de la calidad de la enseñanza que imparten y en la medida que sus egresados cumplen a plenitud los propósitos de la educación universitaria.
Es por ello, que la didáctica es una disciplina pedagógica aplicada, comprometida con la solución de problemas prácticos, que atañen al proceso de enseñanza – aprendizaje y al desarrollo profesional de los docentes.