La
educación en su más amplio sentido, entendido como un fenómeno teológico,
filosófico, sociológico, cultural y político, ha experimentado a través de su
historia diferentes cambios y tendencias en su permanente búsqueda de
soluciones al que hacer de la vida del hombre (Borges Y. 2004). La enseñanza se basa en el dominio de los temas que
conforman la disciplina por parte del profesor, mientras que la metodología
consiste en una exposición de los mismos, que puede ir acompañado de la realización
de algunos ejercicios repetitivos de los contenidos. Lo que el alumno debe
hacer es escuchar atentamente las disertaciones del profesor, realizar los
ejercicios, analizar los contenidos y volcarlos posteriormente en una prueba,
el examen, donde habrá que intentar ser lo más explícito en la respuesta de lo
solicitado de acuerdo a los textos de referencia (García Pérez; 2000a). Ante
este panorama, las
instituciones de educación superior cumplen tres funciones sustantivas y estrechamente
vinculadas: docencia, investigación y difusión del conocimiento; las tres
relevantes para la sociedad. La docencia es sin duda, su misión fundamental y
el prestigio que alcanza depende, esencialmente, de la calidad de la enseñanza
que imparten y en la medida que sus egresados cumplen a plenitud los propósitos
de la educación universitaria.
Es
por ello, que la didáctica es una disciplina pedagógica aplicada, comprometida
con la solución de problemas prácticos, que atañen al proceso de enseñanza –
aprendizaje y al desarrollo profesional de los docentes.
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